Ana López

Sobre mí

Hace un par de años descubrí, de la manera más casual, lo mucho que disfrutaba haciendo fotografía culinaria para otros. ¡Desde entonces no he parado de hacerlo a la menor oportunidad!

Siempre me ha encantado cocinar y, desde hace ya mucho tiempo, lo compagino con mi otra gran afición: la fotografía. Pero hasta otoño de 2015 sólo me planteaba fotografiar mis propios platos, algunos de los cuales luego publicaba en La Guinda del Pastel, mi anterior proyecto.

Una tarde hablando con mi amiga Xènia (el maravilloso mundo de Internet nos conectó hace unos años a través de la revista Blogirls 2.0 donde participo como coordinadora de gastronomía) me llamó un tanto preocupada porque no había manera de que le salieran las fotografías para la receta de la edición de Navidad (unos riquísimos canelones de San Esteban, receta familiar). Me hizo muchísima ilusión que confiara en mí y me pidiera que fuera yo la persona que hiciera las fotos de la receta. ¡No tardé ni un segundo en aceptar! Así que salvamos la distancia que nos separa con humor, y me puse manos a la obra a seguir fielmente sus directrices y preparar la receta tal y como su suegra le había enseñado. ¡Qué ratos más divertidos pasamos!

Ana López

¿Quieres saber cómo he llegado hasta aquí?

Ana López Seny Fotografía

Con mucho trabajo y tesón sobre todo. Me considero una autodidacta nata y, aunque no había caído en ello hasta hace poco, dos de las cosas que más me gusta hacer en la vida las aprendí por mi cuenta: fotografiar y cocinar.

Me crié en la ciudad y, aunque pueda parecer algo trivial, en mi familia materna no lo era: fui la primera. En los 60 mis abuelos dejaron la aldea para instalarse en la ciudad, Oviedo, donde abrieron la típica sidrería asturiana que resultó ser mi hogar hasta los 5 años. Al contrario de lo que pueda parecer, ni a mi abuela ni a mi madre les gustaba demasiado la cocina (tampoco destacan en exceso en este arte). Eso sí, mi abuela siempre conservó su obsesión porque comiéramos, y lo primero que me preguntaba al verme era: “¿ya comiste?”, parece que la oiga ahora…

Gracias a ella y sus primeras pagas, fui comprando mis primeros libros de cocina y sumergiéndome en ese mundo.

La fotografía también llegó a mi vida por azar. En “La guinda del pastel” veía cada vez más la necesidad de tener fotos de calidad de mis recetas (sobre todo para mis cursos de cupcakes) así que me propuse aprender por mi cuenta.

Me considero bastante testaruda y cuando me propongo un objetivo, no paro hasta conseguirlo. Eso, unido a mi obsesión perfeccionista, hace que me dé igual repetir una foto cien veces hasta que no queda tal y como a mi me gusta.

Creo que hacer fotografía culinaria para otros me hace sentir tan bien porque compagina dos facetas importantes de mi manera de ser. Por una lado, mi carácter flexible y afable hace que me sienta feliz ayudando y contentando a los demás, haciendo que me vuelque de lleno en cada encargo. Por otro, mi capacidad para escuchar y empatizar con la persona que tengo en frente provoca que desde el primer momento mi cabeza empiece a plantear el reportaje intentando comprender exactamente el estilo de la persona que me hace el encargo.

Disfruto muchísimo de todo el proceso creativo que supone sacar adelante un trabajo y no puedo evitar sentir un cosquilleo en el estómago cada vez que empiezo un proyecto, ¡me pueden las ganas de terminarlo y ver la cara de mi cliente!